Miró con lentitud hacia atrás
cada escena de su vida yacía clavada en el tiempo
Tenía la voz cansada; los huesos en calma.
Por dentro la sinergia de sus miedos
era su única fuente de combustible.
El combustible del deseo y las pasiones
ardiendo descontrolados.
Empuñó la espada y volvió la vista al frente.
una sonrisa detonó la batalla más fantástica de la historia.
Tras el un ejército de cobardes le curaban el ego.
todos los cobardes, que por miedo a la mediocridad;
se resistieron a continuar su existencia rindiendo
culto a lo imposible.
Un grito -no humano- mientras blandiendo su espada,
Un grito -no animal- mientras preparando su escudo,
Mientras un millón de miles de cientos de inexorables quijotes
dueños de sus influjos de poder y justicia,
cabalgaron los aires para alcanzar al enemigo.
El enemigo, sabía que esto pasaría.
Así debió desearlo desde el principio.
El más entrañable de sus hijos
venía directo al corazón
a morir ahí para siempre.
29.6.08
El Príncipe del olvido I
discriminantes:
alucinaciones sin hachís o LSD
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