No. No es un abrazo el que me querés dar. ¿No es así?
Sus ojos se posaron por encanto sobre las costillas de madera tallada. Su rostro lustroso, carecía de vida. Sus labios violetas, parecían haberse cansado ya hablar. Y se durmieron.
su cuerpo tensado de lado a lado estaba perdiendo la batalla contra la muerte. Ése fue talvez su último movimiento antes de expirar. Levantó su cuello y le clavó la mirada al cielo. Alcanzó a soltar un grito que quedo atrapado entre el policromo y la madera, mientras sus ojos de vidrio, hechos vidrio, buscaban alguna herida en el cielo, que debió haber estado nubarroso.
Pero no, no pudiste verlo, por más que le llamaste. ¿No es así?
¿Te has dado cuenta del tiempor que ha pasado? Vos, seguís ahí esperando eternamente, en tu infame pose. Nosotros, también. Y la verdad sabemos más de tu muerte que tu vida. sabemos más de tu silencio que tus palabras. Tu sombra pesa más que tu luz.
Vos, sos el hombre de las manos taladradas. Yo, soy el hombre de las preguntas en borrasca.
Tu sangre en el suelo
mis ojos en el cielo
tu infinita paciencia azotada
El acero traspasando la carne
no vale las ilusiones de los tuyos
¿Te imagista alguna vez, dar tu vida por semajantes ingratos?
Que, en vez de llevar tu luz en sus corazones, te llevan muerto pendiendo de sus cuellos.
¡No evadás mi mirada! ¿Qué esperás para ver mis ojos? ¿Qué esperás para bajarte y acabar con el sufrimiento? Te he venido a buscar aquí porque no hay otro lugar para encontrarte. Porque te escondés de tus hermanos, porque los seres humanos fuimos tan estúpidos que no comprendimos tus pasos, y ahora, estamos solos. Porque no confiamos en tu voz. Y hoy la seguimos buscando. Y tenemos el valor de seguir confundiéndonos los unos a los otros.
Mejor quedáte ahí. No te bajés nunca. Y más valdría que no volvás a venir. Igual, te mataríamos de nuevo.
Gracias por la guerra
y el filo de las almas
de tus hijos y de sus hijos
gracias por tu sangre y tu historia
gracias por el mal, y por el bien
El hombre abandó la Iglesia, sin mirar atrás. No alcanzó a ver las lágrimas que brotaron del cristal de los ojos. El hombre de madera lo vio alejarse desde las sombras de su altar.
25.12.07
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