27.2.07
Sin Título 1.3
¡Parad vuestra hermenéutica!
Queridos militantes:
¡Cesad vuestro fuego!
Queridos Políticos:
¡Parad vuestra burocracia!
Queridos Atletas:
¡Descansad vuestros brazos y piernas!
Queridos artistas y escritores:
¡Dejad vuestros lienzos y plumas!
Cesad vuestras ideas
Queridos Hermanos que aman:
¡Detened vuestro corazón!
Queridos Idealistas:
¡Haced que vuestro mundo deje de girar!
Os suplico un instante,
¡Libre de estupideces….
...libre de nosotros!
19.2.07
Re-percusiones
Hay quienes piensan que el cadáver de una rosa
dice cosas aún después de muerto
Hay quienes cargan el cadáver de una rosa
aún después de muertos
Existen rosas que nunca mueren
Hay tantas cosas que no caben dentro de un recuerdo
aunque estén muertas
Hay recuerdos que no deberían volver a la vida
Y hombres que vuelven a la vida
aún después de estar vivos
Hay quienes cargan el cadaver de un recuerdo
Ellos piensan que dice cosas -todavía-
Hay quienes tienen las manos de palo
para que no hieran su piel las espinas
Y el frío no doblegue sus articulaciones
Hay desiertos que tienen eco
Y suenan como los recuerdos
Esos recuerdos tienen espinas
Hay hombres que vagan por esos desiertos
sin recoger las rosas; no tienen manos de palo
tienen el alma manchada de tinta y óleo
Hay silencios que fastidian y enferman
Habrá quienes los llevan prisioneros en su cabeza
Hay quien ve ojos que los ven sin mirarlos
Algunos piensan que el silencio les ha hablado
Les ha dicho cosas; que vuelvan a la vida
Hay quienes tienen el alma de palo
10.2.07
Su abuelo se lo contó una vez
Regresó a su cama, apagó la luz de lámpara junto a su cama y se tendió, echándose la sábana y el cobertor de la cama sobre su cuerpo.
Con su cabeza en la almohada, el silencio de la noche la invadió. Y en medio de su sopor a medias, volvió a escuchar de nuevo el traqueteo.
Era un incómodo tronar como de madera, crujiendo constantemente como si fuera un enorme peso siendo arrastrado lentamente. Ella pretendió ignorarlo nuevamente, como lo había venido haciendo las últimas semanas atrás.
Pero pronto empezó a notar que el ruido se hacía cada vez más fuerte, como si se estuviera acercando.
Ahora ese ruido era una molestia.
Y Ella, como la muchacha sensata y civilizada que era, pensó en ir a putear al pendejo que estuviera jodiendo, a tales horas de la noche. Se preguntaba si valía la pena levantarse de su cama, sólo para ir a gritarle a –sepa Dios quien- y hacerlo que se callara.
Comenzó a dar vueltas en la cama. El sueño se le escapó y eso la hizo enojar. Aún peor: El tronido no paraba, y esto la hizo enojar todavía más.
Tiró la sabana y el cobertor, encendió la luz y se dispuso a ir a ver de qué se trataba todo el alboroto. Tomó un abrigo y se dirigió a la puerta. Estaba realmente enojada, porque ese “ruidito” no la había dejado dormir desde hacía noches. Y le estaba afectando en su aspecto al levantarse por las mañanas y aparte, en su trabajo.
La sala de su casa, tenía una ventana que daba hacía la calle, como la mayoría de las casas. Antes de llegar a la ventana, un escalofrío tremendo la hizo parar su marcha. El sonido se detuvo en ese momento. Sintió miedo de pronto; comenzó a sentir una zozobra que la invadía y el viento azotó con fuerza contra la puerta de entrada. Pensó en regresarse a su cama, pues el ruido que la había traído hasta la sala, había desaparecido por completo.
Sola, en la oscuridad parcial de su casa, retrocedió un par de pasos.
Cuando entonces, el tronar de la madera, apareció de nuevo. Sintió que la rabia la invadía y se precipitó sobre la ventana, abriéndola rápidamente. Y entonces la vio...
* * *
Su abuelo se lo contó una y mil veces, cuando niña. Y ella, como la mayoría de nosotros, se rehusó a creer tal cuento.
6.2.07
En Tus Manos Encomiendo
Estos pasos que son míos
Que me llevan más allá
De tu mirada y de tus puertas
Que han traído tus recuerdos
Estos pasos que están mal
Que son torpes, son escasos
Que me harán caer un día
Por el borde de la tierra
Por el borde de mis sueños
Estos pasos que me llevan
Otro día sin saber
Otra noche sin dormir
Estos pasos que no pueden
Detenerse ni un momento
Que no saben donde están
Estos pasos que me abrazan
Que me alcanzan a entender
.................................................
Estos pasos que vacilan
Estos pasos que preguntan
Y que no les dan respuesta
Estos pasos que están llenos
De soledad y agonía
Estos pasos que me cansan
Que son frágiles como el viento
Que embriaga mi boca con tus besos
Que alimentan el frío de mis huesos
Estos pasos que no sirven
Que me tienen tan perdido
Estos pasos miserables que no quieren
Entender, que me quiero detener
Estos pasos que son míos
Que yo mismo he engendrado
Que liberan mi alma encadenada
Estos pasos que de la noche han arrancado
Un halo de tristeza, un dejo de sarcasmo
Estos pasos que no tienen
Otros pies que los entiendan
Estos pasos que no dejan
Más que polvo en vez de huellas
Estos pasos que me dejan
Tan exhausto, tan imbécil
Que sólo pueden entender
Que es de ellos el destino
Que no hay muerte sin la vida
Estos pasos obsoletos
Que no tienen fundamento
Estos pasos que son míos
Estos pasos que no quiero
Que alguien venga a arrebatar
......................................................
Estos pasos; comprendan de una vez
Que son míos, que se van a tropezar
Y que me van a conducir
Hasta el fin de mis lamentos
Y hasta el fin del firmamento
2.2.07
Los cadáveres de arriba
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Su cuerpo fue cubierto con una manta de color blanco. Uno de los mismos forenses leyó de la Biblia el Salmo 31, se guardó el respectivo minuto de silencio. Una ventisca ligera sopló el lugar. Ya está-dijo alguien-Dios se llevó su alma. Los curiosos se dispersaron y los médicos de la policía recogieron sus cosas. La tarde comenzaba ceder en ese momento.Es que en esta ciudad, ya hay más difuntos que vivos. La violencia social ha colmado la paciencia de las autoridades, el pueblo y de paso, el cementerio. Sencillamente, los muertos no caben más bajo la tierra. Incluso sembrar una flor podría resultar en un macabro espectáculo, al toparse con una mano humana al excavar en el propio jardín de alguna casa.Hace meses que no se hacen funerales en la ciudad, con todos los cementerios abarrotados de muertos, ya es prácticamente imposible colocar otra lápida. Las compañías de servicios funerarios han quebrado, ya nadie los necesita. Y pronunciar la palabra "Réquiem" resulta un vulgar arcaísmo.
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Como la de Alicia, había muchas muertes a diario en la ciudad. Eso no es sorprendente.
Pero las autoridades, habían resulto dejar los cadáveres en las calles. Claro, no solo para tratar de reprimir la imparable ola delincuencial, sino también porque se enfrentaron a un problema que jamás civilización alguna tuvo antes.
Los cementerios estaban atestados de cadáveres. El suelo de la ciudad, la plaza, los parques, las iglesias e incluso las casas; todas estaban llenas de cadáveres.
La situación era alarmante. Y resultaba increíble. Pero bastaba nada más con un vistazo bajo el subsuelo para constatar que, en verdad, los cadáveres, ataúdes y huesos estaban por todas partes.
Hasta esto había llegado el mundo: Una situación tan caótica, que para algunos era un claro signo de que los seres humanos, habían rebasado los límites de lo racional.
Ya nadie, pedía milagros o paz. Decían: -Manda un Rayo, Dios… ¡Y fulmina a toda esta raza de monstruos!
Finalmente, los muertos superaron a los vivos. La ciudad de los muertos se erigía decrépita entre la podredumbre de los cuerpos que ya habitaban entre las calles. Una densa nube de color verde ennegrecido flotaba entre los edificios y la gente, que trataba tenazmente de sobreponer la situación. Las miradas muertas apenas se cruzaban.
Muy pronto, la gente comenzó a aceptar la realidad: “Todos estamos muertos. Sólo que nosotros aún caminamos”.
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¿Desde hace cuánto que vivís vos aquí? -le dijo aquel hombre, mientras se quitaba el abrigo y lo colocaba en la mesa.
Pues, desde siempre. -Le contesto Antonio
Me lo imaginé. ¿Quién sería capaz de mudarse a este pueblo muerto?
!Un café, por favor! Y no le ponga azúcar.... -levantando su mano.
En esta ciudad no existe el azúcar, la alegría ni la luz... -Le respondió la mesera desde el fondo.
Me imagino que no te molesta que me siente aqui con vos, ¿verdad?
No. la mesa es grande. -le contesto Antonio.
Yo -el hombre hizo una pausa- ; como todos, no tengo nada mas de que hablar, que de los muertos
Parece que a este pueblo le va a tomar años adaptarse a este infierno. -Le contesto Antonio, sorbiendo de su café.
¿Sabés? Acabo de pasar por el parque, y vi la última de las señales contra la violencia. !Todavía en pie!
Antonió intentó sonreir.
Las recuerdo. Pero, ¿No las habían arrancado todas ya?
Quien sabe, a lo mejor a alguien le pareció gracioso dejar esa última.
La mesera le puso el café sin azúcar sobre la mesilla de aluminio.
Yo personalmente -le dijo Antonio- Pensé y sigo pensando que es una estupidez prohibir las armas en lugares públicos. Es decir, cuando menos un gasto innecesario de presupuesto. Esas señales nunca hicieron nada nuevo. Nunca
La cuestión es: ¿cómo pretender que la gente haga caso de una señal en la calle?
Mirá, yo solo sé una cosa: Las pistolas no matan a la gente; la gente mata a la gente.
Mejor, -le replicó Antonio-, hubieran prohibido la circulación de la gente por las plazas públicas.
Al hombre le salió una sonrisa accidentada. El muchacho tenía razón.
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Todas las tardes un denso aire olvidado descendía sobre la ciudad.
Era un bruma de tristeza y soledad, Un desconsuelo sin dueño que se esparcía por las aceras con cadáveres.
Finalmente, llegó el día. El día en que no hubo más asaltos. No hubo si quiera un herido. Todo estaba consumado, los delincuentes cedieron al ver que los cadáveres invadieron las calles, ellos como los demás ciudadanos no aguantaron la podrida realidad que yacía sobre las calles.
Los ciudadanos comenzaron a enfermar gravemente. Y quienes sucumbían quedaban ahí mismo, tirados sobre la calle.
La ciudad de los muertos logró su emancipación del mundo de los vivos un tres de mayo de algún día.
1.2.07
Ayer
Un esbozo cálido sin emoción
Era un destello de la mirada hecha luz
Nada más otra hoja muerta que danzaba solitaria
Era la brisa rota que excita a la noche
Era una lágrima llorada por algún dios de allá arriba
Otra luna que no sabe para quien brilla
Un deseo bullente que se desperdició
Una apasionada tragedia sin consecuencias
Era una multitud de soledades atadas una herida
Un hermoso cadáver de ojos marrones
Una densa tristeza sin coagular
Era, bueno, no lo sé
No lo pude atrapar.
