29.3.07

Tacho (II)

Salio envuelto en un gran polvazón, y como pudo se enderezó y le metió con todo lo que pudo a salir disparado.
Estremecido volteo a ver por el retrovisor y alcanzo a ver que detrás de el venia otro carro siguiéndolo bien pelado.
Cerró los ojos por un instante y comenzó a pedirle a Dios que lo sacara de esto.
Bien abatido, se dio cuneta de el otro carro lo tenía más cerca cada vez. Volvió a cerrarlos ojos de nuevo y le pidió de la manera más fervorosa que conocía, que por favor lo sacara de esta situación.
Tacho estaba asustado, por que sabía que le iban a quitar el pisto y después de seguro lo iban a matar, pues si, de esa manera no iba a poder denunciarlos y entonces les iba bien vergón a los majes estos, porque hasta con picap nuevo les iba a salir.
Se comenzó a desesperar más porque veía que se le quitaban de encima. Pero tenía Fe.

Dios no lo iba abandonar, siempre había estado con el desde siempre, y lo había librado de todo peligro, y por eso el se había convertido en su servidor.
De repente sintió un talegazo en la parte de atrás del carro; un plomazo que le habían tirado desde el otro carro.

Ahora si sintió miedo y pensó que no iba a salir bien librado de esto.

Entones desde donde iba, pegó un gran grito y le suplicó a Dios que lo salvara.
No había terminado de cerrar la boca, cuando entonces, sin que ni para que, un rayazo estremecedor lo hizo temblar. Hasta el chispazo del luzazo alcanzó sentir.
Dio un frenón, que hasta se pegó contra el timón del carro, que patinó violentamente unos metros antes de ir a quedar a la par de una zanja.

Le tomó varios segundos reaccionar, y levantar la cabeza.
Atontado, salio de la cabina, y no alcanzó a entender lo que paso. Al ver donde estaban los que lo venían siguiendo, se dio cuenta de que casi le había caído un rayo al carro.
Pero se asustó más de ver, que metros más atrás estaba el otro carro, envuelto en humo sobre una enorme mancha de pavimento carbonizado.
Vio entonces que de veras había sido un rayo el que había caído. Y le dio cabal a los que lo venían siguiendo. No se quiso acercar, pero desde ahí era evidente que los que venían ahí estaban muertos.

Tacho sentía que ya se le salía el corazón por la boca. Estaba bien asustado, pero alcanzo a comprender lo que había pasado. Comenzó a ver que en el cielo no había ni señas de agua, así que el rayo había caído en seco.
Esto tuvo que haber sido Dios, pensó, y le agradeció de nuevo tratando de calmarse.
Y desde arriba una voz le grito, ¡Esta todo bien, hijo!
Tacho quedó impactado por la escena del rayo, y decidió que lo mejor era salir de ahí lo más rápido que pudiera.
Revisó que el dinero estuviera en su lugar, y que le encendiera el carro, que por dicha funcionaba bien todavía. Y salió caquiado de ahí.

Si antes tenía mucha fe en Dios, con esto que le acababa de pasar, ahora era ciega su fe.
Siguió pensando en darle gracias a Dios por haberlo salvado, y de que ahora le debía la vida misma, sin exagerar.
En frente, se la apareció una curva y al querer meter los frenos, sintió que no le respondieron. ¡Se le jodieron en el frenazo que dio!
No tuvo tiempo de reaccionar más…
¡Dios… los frenos….! Salió disparado por un barranco, y se pasó llevando la baranda del camino, voló hasta que el carro se fue a despedazar contra una piedra del barranco.

Abajo los hierros retorcidos con tacho adentro, quedaron a poca distancia del camino, echando humo todavía.
Y Dios, desde arriba se disculpó:
-¡Perdoná, nunca le he hallado a esto de la mecánica..!

27.3.07

Tacho (I)

Tacho se subió al camión bien confiado, pensando en el vergo de pisto que llevaba envuelto en tirro y papel de empaque. Le acababan de pagar por vender uno de los solares que tenía ahí por Sonsonate. El ya estaba acostumbrado.
Se acomodó en el asiento, ajusto el espejo y le dio gracias a Dios, al momento de encender la marcha del picap.
Llegó rápido a la carretera, le esperaba un largo camino antes de entrar en la polvosa y maniobrar entre el pedrero de la calle que lo llevaba hasta su hacienda. No había problema, pues el carro era confiable.
Desde hace seis años, que lo tenía –gracias a Dios-, nunca le había fallado.
Se puso a pensar en que iba a invertir este capital. Siempre había pensado que sus últimos años los iba a pasar ocupándose de su terreno, cultivando hortalizas en el día y leyendo en diario por la tarde de frente al sol que se escondía atrás del cerro.
Dios bendijo este negocio y le salió mejor de lo que el mismo esperaba. Así que no había mucha prisa por ponerse a pensar en lo que iba a hacer con la plata.
Mejor descansaba un rato de hacer negocios, al fin que hacía ya bastante que no dejaba el trabajo.

La vida no fue fácil para el; como tampoco lo ha sido para muchos, pero ya era justo que se desafinar un poco de sus problemas.
Como la carretera era un trecho largo y sin curvas, no pudo evitar ponerse a recordar su vida. Desde cipote, chivando naipes para ganarse unos pesos, las talegueras de su juventud y los agarrones con machete que se pegó después con algún fulano terco.
Por obra de Dios que dejó todo eso desde que se encontró una buena mujer, se casó y tuvo sus hijos. Desde entonces que su vida estuvo llena de la gracia del Señor, que lo bendijo con cuatro hijos y un buen trabajo.
Tenía demasiado que agradecerle. Como la vez que, bien a verga, lo libro de todo mal. No se acordaba muy bien como, pero el hecho es fue que amaneció en su casa vivo, al día siguiente.

Se estaba haciendo tarde, pero gracias a Dios, el desvío de la calle para su hacienda se miraba por fin a unos metros de la carretera. Los amortiguadores comenzaron a meniarse cuando entró y una nube de polvo grueso envolvió el frente del carro.
En eso, una de esas escenas que eran comunes. Tacho no se lo esperaba para nada, y por supuesto, no lo deseaba. Pero no le dio tiempo de reaccionar, cuatro hombres con máscara lo interceptaron cerrándole el paso.
Por desgracia el ya sabía que esas cosas eran bien comunes por ahí. De seguro, ellos se dieron cuenta del pisto que acababa de ganar y ya se lo iban a güebiar. En lo único que pudo pensar fue en hacer un cambio rápido, y meter reversa.

19.3.07

La Parábola del Banco*

Eran más o menos las 10:45 de la mañana de un día soleado, particularmente caluroso; adentro, el aire acondicionado no hacía mucho por aliviar la situación.
En el cubículo 4, la hermosa recepcionista de pelo castaño contemplaba consternada con sus ojos café intenso, la larga fila de gente sentada que esperaba ser atendida. Ella no deseaba más que poder descansar un poco y salir del banco. Cosa que no parecía posible, por un buen rato.

De reojo chequeaba a las personas sentadas, la mayoría de ellas jugando estúpidamente con su teléfono celular. Entre tanto un caballero llamó su atención.
Usaba una camisa de manta blanca, casi inmaculada y lentes oscuros. Su cabello largo, caía sobre sus hombros, su barba a medio rasurar, combinaba bien con su aspecto de revoltoso. Mientras esperaba escuchaba despreocupado su reproductor de música MP3.

Justo media hora más tarde, el turno del caballero antes mencionado.

Retiró los audífonos de sus orejas, y utilizando los lentes se recogió el cabello. En seguido saludo, dándole la mano a la recepcionista.
Ella notó de inmediato que su mano estaba vendada, pero trató de no darle importancia y contestó su saludo, preguntando como podía ella ayudarle.
Su respuesta fue un tanto seca –Me gustaría obtener una tarjeta de crédito.
Ella lo miró detenidamente y le dedicó una mirada escéptica. Sacó luego una hoja y se la entregó.
Le explico que esos eran los estatutos del banco para obtener crédito. El las leyó rápidamente y asintió. Bien –dijo ella-, siendo así haga el favor de contestar las preguntas de este formulario. Y le mostró la pantalla del ordenador.

¿Su nombre?
El la miró incómodamente, arqueando sus cejas. Pues yo…-le dijo-, eh… soy… “Yo soy el que soy”… Resolvió contestar finalmente.
Ella lo miró extrañada. -Necesito su nombre, por favor.
Mi nombre es Jesús. –Dijo con la voz muy baja.
Ella ignoró su disimulo y digitó el nombre en la pantalla de la computadora.
-¿Su edad?
-33 años
-¿Ocupación?
-Carpintero.
-¿Dirección de su domicilio?
Hesitó un poco. “El Paraíso…”-le dijo, al fin.
Ella pensó que debía ser, “Ciudad Paraíso”, y lo anotó en el formulario.
¿Estado civil?
Calló un momento. Soltero –le contestó, mirando hacia un lado.
Bien, -le dijo ella-, haciendo un par de operaciones en su computador.
-Necesito una persona que puedan dar referencia de usted.
-El se quedó pensando mucho, bajó la vista.
No se a quien decirle….-pensó para sí- ¿Nicodemo? ¿Buda? ¿Juan? Ya sé…. ¡Pedro!
No…. ¡Ese capaz que me niega otra vez! ¡Demonios! No….ese menos, porque se peleó con mi papá… ¿A quien puedo poner…?
La recepcionista, le interrumpió su meditar.
-¿Señor?
-¿Dime, hija? Eh… quiero decir… ¿si…?
¿Tiene algún problema?
No. Escriba: María Magdalena….-resolvió por fin.
-Correcto.
-¿Ha tenido algún crédito previamente?
-No.
-¿Padece de alguna enfermedad?
-No. (Por dentro rió al acordarse de la apoplejía de aquella vez)
-¿Su ingreso mensual?
-No mucho… pero digamos que hago milagros con lo que recibo –le dijo guiñando un ojo.
-Ella sonrío, -pues ahí me enseña como…
-Bueno, también voy a necesitar una fotografía suya, su partida de nacimiento, NIT, DUI y una solvencia de la PNC.
Su cara se tornó en un disgusto.
-Mire, he extraviado todos los documentos. Y la foto, pues la unica que tengo la tienen en Turín.
-¿Ahuachapán?
-No, Italia.
-Ella no comprendía lo que decía.
-¿Me imagino que tampoco tiene la solvencia?
Sus ojos se entrecerraron. Guardo silencio.
-Usted no tiene problemas, o ha tenido problemas con la ley… ¿verdad?
-Guardó silencio, aún más.
-¿Señor?
Una gota de sangre corrió por el borde de su cara. Su rostro empalideció.
-Eh, pues no, ninguno…
-Bueno –dijo ella. Siendo así, déjeme voy con el gerente del banco, a ver que me dice.

Él se quedó esperando un momento, en tanto que por detrás, un hombre robusto y de aspecto amigable se le acercó y saludándole, le reconvino acerca de su decisión.
Te lo he dicho una y mil veces -le reprochó: "El apego a los bienes materiales no conduce a la felicidad".
“Tenés toda la razón”. Se colocó de nuevo sus lentes, y se levantó de la silla.
De todos modos, no le iban a aprobaron el crédito por falta de fe en sus datos.




*Dedicado a Wanda, Memorex y Jo

4.3.07

Three Blood drops over the soil

If I ,from the life, could rip one wish
It’d be just this breeze,
this warmth that wrap us
a glint of the dusk over our heads,
to shine forever in your eyes
Oh, deaf god that forsake us!
Take this breath that kills my hesitation
Creator of the life, the light and poets;
grant me serenity, and
one world, one soul, one mind
Where I can fit in

This weary look; these rotten eyes
My rinky-dink voice
And its bastard days,
Those endless nights
And its demons:
All of me stood in awe,
devise my heart

Your hands, healing my bones,
mending my life.