Eran más o menos las 10:45 de la mañana de un día soleado, particularmente caluroso; adentro, el aire acondicionado no hacía mucho por aliviar la situación.
En el cubículo 4, la hermosa recepcionista de pelo castaño contemplaba consternada con sus ojos café intenso, la larga fila de gente sentada que esperaba ser atendida. Ella no deseaba más que poder descansar un poco y salir del banco. Cosa que no parecía posible, por un buen rato.
De reojo chequeaba a las personas sentadas, la mayoría de ellas jugando estúpidamente con su teléfono celular. Entre tanto un caballero llamó su atención.
Usaba una camisa de manta blanca, casi inmaculada y lentes oscuros. Su cabello largo, caía sobre sus hombros, su barba a medio rasurar, combinaba bien con su aspecto de revoltoso. Mientras esperaba escuchaba despreocupado su reproductor de música MP3.
Justo media hora más tarde, el turno del caballero antes mencionado.
Retiró los audífonos de sus orejas, y utilizando los lentes se recogió el cabello. En seguido saludo, dándole la mano a la recepcionista.
Ella notó de inmediato que su mano estaba vendada, pero trató de no darle importancia y contestó su saludo, preguntando como podía ella ayudarle.
Su respuesta fue un tanto seca –Me gustaría obtener una tarjeta de crédito.
Ella lo miró detenidamente y le dedicó una mirada escéptica. Sacó luego una hoja y se la entregó.
Le explico que esos eran los estatutos del banco para obtener crédito. El las leyó rápidamente y asintió. Bien –dijo ella-, siendo así haga el favor de contestar las preguntas de este formulario. Y le mostró la pantalla del ordenador.
¿Su nombre?
El la miró incómodamente, arqueando sus cejas. Pues yo…-le dijo-, eh… soy… “Yo soy el que soy”… Resolvió contestar finalmente.
Ella lo miró extrañada. -Necesito su nombre, por favor.
Mi nombre es Jesús. –Dijo con la voz muy baja.
Ella ignoró su disimulo y digitó el nombre en la pantalla de la computadora.
-¿Su edad?
-33 años
-¿Ocupación?
-Carpintero.
-¿Dirección de su domicilio?
Hesitó un poco. “El Paraíso…”-le dijo, al fin.
Ella pensó que debía ser, “Ciudad Paraíso”, y lo anotó en el formulario.
¿Estado civil?
Calló un momento. Soltero –le contestó, mirando hacia un lado.
Bien, -le dijo ella-, haciendo un par de operaciones en su computador.
-Necesito una persona que puedan dar referencia de usted.
-El se quedó pensando mucho, bajó la vista.
No se a quien decirle….-pensó para sí- ¿Nicodemo? ¿Buda? ¿Juan? Ya sé…. ¡Pedro!
No…. ¡Ese capaz que me niega otra vez! ¡Demonios! No….ese menos, porque se peleó con mi papá… ¿A quien puedo poner…?
La recepcionista, le interrumpió su meditar.
-¿Señor?
-¿Dime, hija? Eh… quiero decir… ¿si…?
¿Tiene algún problema?
No. Escriba: María Magdalena….-resolvió por fin.
-Correcto.
-¿Ha tenido algún crédito previamente?
-No.
-¿Padece de alguna enfermedad?
-No. (Por dentro rió al acordarse de la apoplejía de aquella vez)
-¿Su ingreso mensual?
-No mucho… pero digamos que hago milagros con lo que recibo –le dijo guiñando un ojo.
-Ella sonrío, -pues ahí me enseña como…
-Bueno, también voy a necesitar una fotografía suya, su partida de nacimiento, NIT, DUI y una solvencia de la PNC.
Su cara se tornó en un disgusto.
-Mire, he extraviado todos los documentos. Y la foto, pues la unica que tengo la tienen en Turín.
-¿Ahuachapán?
-No, Italia.
-Ella no comprendía lo que decía.
-¿Me imagino que tampoco tiene la solvencia?
Sus ojos se entrecerraron. Guardo silencio.
-Usted no tiene problemas, o ha tenido problemas con la ley… ¿verdad?
-Guardó silencio, aún más.
-¿Señor?
Una gota de sangre corrió por el borde de su cara. Su rostro empalideció.
-Eh, pues no, ninguno…
-Bueno –dijo ella. Siendo así, déjeme voy con el gerente del banco, a ver que me dice.
Él se quedó esperando un momento, en tanto que por detrás, un hombre robusto y de aspecto amigable se le acercó y saludándole, le reconvino acerca de su decisión.
Te lo he dicho una y mil veces -le reprochó: "El apego a los bienes materiales no conduce a la felicidad".
“Tenés toda la razón”. Se colocó de nuevo sus lentes, y se levantó de la silla.
De todos modos, no le iban a aprobaron el crédito por falta de fe en sus datos.
*Dedicado a Wanda, Memorex y Jo
19.3.07
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5 comentarios:
Buenísimo. Resume muy bien la enseñanza de ese día.
Además, hay que agregar que nunca, NUNCA, hay que poner a Júdas como fiador.
Está original, hijo mío.
Sigue así... :D
Puya caco, está bien original!!! Mis felicitaciones a este post
Ecole!
La dedicatoria esta conmovedora.
mmmmm yo soy dios, preguntale a Bautista... jeje, me encantó. Saludos.
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