30.8.07

Voyeur

La inmensidad de tu sonrisa
se derrama por el borde de tu sexo.
La luz de la lámpara dibuja la silueta
de tu mirada.
Y la sombra de una mi mano
inunda tu figura.
Las palabras se pierden en mi garganta;
se pierden en el vacío del deseo.
un suspiro iconoclasta,
fundido con un vistazo furtivo...
Y me invade un sentimiento marxista,
que incendia mi calavera.
Siento envidia de tus propias manos
que acarician tu piel tibia,
mientras yo, retuerzo mi alma
tras el cristal de tu ventana.

28.8.07

La estúpida combustión del humano

Abajo, sus ojos se inundaron de fuego. Un fuego virgen que hasta hoy, se había negado a encenderse. La sangre se mezcló con sus lágrimas; igualmente tibias, igualmente amargas.

Noventa watts, colgando desde el cielo, abrazaron su cuerpo derrotado, herido en el suelo. Desde abajo, las cuatro paredes, nunca habían parecido tan enormes; nunca habían parecido devorar tanto espacio. La habitación se le antojó inmensa de pronto. El veneno de las lágrimas se evaporó rápido de su rostro helado; el dolor habrá de tardar un poco más.
Su cuerpo tendido en el piso de madera languidecía, al crepitar de una vela sobre la mesa, junto a la cama. La sangre aún fresca, conservaba el aroma a miedo. Afuera, pinceladas de viento congelado, se colaban por la ventana con curiosidad absurda.

En medio de la agonía de la soledad, Cristo, taladrado a la madera colgando de una pared; le miraba queriendo evadirlo. La lluvia que caí apuñalaba el pavimento con brutal sincronía; era la danza de las lágrimas del cielo. Y la ciudad ausente de sol y de almas en el entramado de laberintos de cemento, dormía con los ojos de los edificios aún despiertos, nunca se sabe lo que se pueda ofrecer pronto.
El hombre de los ojos rojos se ha retirado ya a beber su néctar de ignorantes; veneno malteado. Envuelto en rabia, testosterona y sangre. El brebaje es su placebo; un opio que lo hace alejarse de la realidad, evadir la verdad. Podrá engullirlo hasta quedar idiota y harto de maldecir a la puta desgraciada, herida en el piso de arriba.

Todo por la culpa del demonio que se llama amor; por su ausencia no sobrevivirá ella, más de cuatro horas. Cuando las contusiones cedan el paso a la parca. El suave viaje con Caronte, le sentará bien a su cuerpo herido.

Maldito demonio que se coló en su casa, y entre las piernas de su mujer; Ya no importa, a ella nadie más podrá propinarle una caricia.
Más le vale al demonio ése esconderse, o le espera un destino similar al de su amada.

Arriba, el ánfora que contiene a las estrellas se inunda de nubes negras, una nueva cobija de ilusiones miserables sobre la ciudad se cierne. tenuemente. Es el momento de partir.
El Supremo Aedo, le llama.
Ella no volverá a ver la luz del día.
Todas las Evas
por siempre

27.8.07

Vuelvo a lo básico

Yo envolví virtudes y halagos,
Ella analizó con sistemática conciencia;
Ahora concédele girasoles y un sol

-Ese es el sentido de la vida;-

nunca minó sus fuerzas, o el
de nosotros mismos

26.8.07

M (ctrl+E)

M tenía fuego en los ojos; quemaba cuando miraba, sus pupilas explotaban cuando quería decir algo.
La lengua de M tenía espinas; de tanto hablar el idioma de las rosas.
La sombra de M languidecía bajo el sol negro de un invierno, un invierno de pinceladas azules y ventarrones tibios. Su mundo, giraba sin cesar y ella ni lo notaba. Hasta que se dio cuenta, que su sombra estaba incompleta, que sus abrazos estaban vacíos y el eco de su voz se volvió un reclamo insípido.
M necesitaba. Recorrió el mundo, devoró los días de su existencia, buscando incansable. Hasta que sus ojos se apagaron.
Cuando sus alas estuvieron too weak to fly, trató de enterrar sus ilusiones.
Escribió con la sangre de sus venas, su testamento.
-Esta roca será mi tumba, estos huesos serán tu lugar de descanso-
En venganza, su cuerpo no envejeció, Y el día que murió; las estrellas del cielo se apagaron, pero sus ojos, encendieron nuevamente.

Cuando su espíritu fue libre, descubrió todos los esqueletos a su alrededor, todos los que habian muerto, incompletos, vacíos... rotos.
M, se halló completa por primera vez. Comprendió entonces que no busco correctamente. Y que la ilusoria felicidad, existe adentro. Hay que sacarla, o se pudrirá.

M tenía los ojos fugaces. El alma de cristal y las alas rotas.

я тебя люблю!

11.8.07

Una sombra menos en la calle

Dicen que a Don Joaquín, el mismímo demonio vino a llevárselo. El diablo ataviado de bermejo, llegó sin aviso en la noche del día de los muertos.
La noche cubría a las casas como una mortaja espesa, en medio de la oscuridad el gemido del viento jadeaba pulalando su aliento de invierno.
El cuerpo del viejo talbartero quedó helado sobre el sillón. El corazón, hubiese querido arrancárselo de un tajo, pero su mano agarrotada no alcanzó a llegar a tiempo. La mueca retorcida de su cara, otrora una sonrisa desenfundada a la menor provocación; yacía estéril empotrada en su faz curtida y derretida, laxo entre las mullidas espumas de la silla.
El sondio briago que manaba de la radio embelesaba el ambiente. Murió tranquilo después de todo; con los oídos emponzoñados de los decibeles
densos de una melodía suave.
A Don Joaquín, el diablo lo abrazó en la soledad de aquella noche. Llevaba meses sin conseguir conciliar más que recuerdos con los que tejía fantasías vetustas satinadas con el technicolor del tiempo presente. Tres codos más abajo, un puro encendido humeaba todavía; lo único que no pudo terminar en vida.
Para cuando lo encuentren, un día después; el puro habrá muerto también y el recuerdo de su vida, será como el humo: ascendiendo hacia un dulce olvido.

Don Joaquín
El día de los muertos, 1954

9.8.07

La antípatica frivolidad del hiptnotismo; tenía razón

El frío abrazó su piel de inmediato; cuando puso un pie dentro, la oscuridad salió a su encuentro para recibirle con una ráfaga de antiséptica tranquilidad. La sombra habitaba, se alimentaba de soledad. Para iluminar apenas unos haces de luz que entraban con misógina lucidez, a través de los vitrales como saetas, y heridas de muerte los halos desconcertados no alcanzaben a tocar el lecho de penumbras, en solitud.
La habitacion era inmensa, un verano de recuerdos inundó su visión. Negándose a ser devorados por la oscuridad miraban con sigilo, enfilados en los laterales, cientos de columas emopotrados en la pared, vestidos de polvo y grietas.

Los capiteles parecián entablar silencios que, ahogaban la hondura de los pensamientos del visitante. No se atrevía a dar un paso. Todo lo que sus ojos lastimados por la ausencia de la luz, alcanzaban a tocar, era el libro enorme sobre el atril en medio del recinto.
El libro abierto, le llamaba con ardor. Y aún seguía sin poder mover sus pasos.
La carne, temblando de inseguridad, adviritió con una fugaz brisa de sentido común. No pudo dar un paso.
Cuando abrió los ojos. El trance se rompió.
Nunca antes había entrado en su mente

5.8.07

4UL1043

Tiempo insolente, ¡Deja de robarme el aliento!
Zip your mouth, shut your soul down
Extiende tus alas, vete ya de aquí
Unless you know how to stop my bleeding
Quisiera poder parar tu corazón
Leave me alone with my mourn
Un solo segundo, toda la eternidad
Every second I despise is another stab
Invoco a un dios que ha muerto
Yet I’m the one that holds the blade
Esperando que me tome en sus brazos
My beautiful sweetness, come back and mend me!
Responde mis lamentos, ¡Oh! Sácame de esta;
Almost an angel, almost the cutest thing I’ve ever had

Orilla, el borde de mis lamentos/¡Estoy tan solo!