Noventa watts, colgando desde el cielo, abrazaron su cuerpo derrotado, herido en el suelo. Desde abajo, las cuatro paredes, nunca habían parecido tan enormes; nunca habían parecido devorar tanto espacio. La habitación se le antojó inmensa de pronto. El veneno de las lágrimas se evaporó rápido de su rostro helado; el dolor habrá de tardar un poco más.
Su cuerpo tendido en el piso de madera languidecía, al crepitar de una vela sobre la mesa, junto a la cama. La sangre aún fresca, conservaba el aroma a miedo. Afuera, pinceladas de viento congelado, se colaban por la ventana con curiosidad absurda.
En medio de la agonía de la soledad, Cristo, taladrado a la madera colgando de una pared; le miraba queriendo evadirlo. La lluvia que caí apuñalaba el pavimento con brutal sincronía; era la danza de las lágrimas del cielo. Y la ciudad ausente de sol y de almas en el entramado de laberintos de cemento, dormía con los ojos de los edificios aún despiertos, nunca se sabe lo que se pueda ofrecer pronto.
El hombre de los ojos rojos se ha retirado ya a beber su néctar de ignorantes; veneno malteado. Envuelto en rabia, testosterona y sangre. El brebaje es su placebo; un opio que lo hace alejarse de la realidad, evadir la verdad. Podrá engullirlo hasta quedar idiota y harto de maldecir a la puta desgraciada, herida en el piso de arriba.
Todo por la culpa del demonio que se llama amor; por su ausencia no sobrevivirá ella, más de cuatro horas. Cuando las contusiones cedan el paso a la parca. El suave viaje con Caronte, le sentará bien a su cuerpo herido.
Maldito demonio que se coló en su casa, y entre las piernas de su mujer; Ya no importa, a ella nadie más podrá propinarle una caricia.
Más le vale al demonio ése esconderse, o le espera un destino similar al de su amada.
Arriba, el ánfora que contiene a las estrellas se inunda de nubes negras, una nueva cobija de ilusiones miserables sobre la ciudad se cierne. tenuemente. Es el momento de partir.
El Supremo Aedo, le llama.
Ella no volverá a ver la luz del día.
Todas las Evas
por siempre

1 comentario:
Sin duda, también la anemia narrativa ya pasó a mejor vida, (literalemente).
Nuevamente, un post que derrocha e ilustra de sobremanera lo que podés hacer.
Buénale Compa.
Siga así.
(U g.o/in-g 2 wIn LN)
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