9.8.07

La antípatica frivolidad del hiptnotismo; tenía razón

El frío abrazó su piel de inmediato; cuando puso un pie dentro, la oscuridad salió a su encuentro para recibirle con una ráfaga de antiséptica tranquilidad. La sombra habitaba, se alimentaba de soledad. Para iluminar apenas unos haces de luz que entraban con misógina lucidez, a través de los vitrales como saetas, y heridas de muerte los halos desconcertados no alcanzaben a tocar el lecho de penumbras, en solitud.
La habitacion era inmensa, un verano de recuerdos inundó su visión. Negándose a ser devorados por la oscuridad miraban con sigilo, enfilados en los laterales, cientos de columas emopotrados en la pared, vestidos de polvo y grietas.

Los capiteles parecián entablar silencios que, ahogaban la hondura de los pensamientos del visitante. No se atrevía a dar un paso. Todo lo que sus ojos lastimados por la ausencia de la luz, alcanzaban a tocar, era el libro enorme sobre el atril en medio del recinto.
El libro abierto, le llamaba con ardor. Y aún seguía sin poder mover sus pasos.
La carne, temblando de inseguridad, adviritió con una fugaz brisa de sentido común. No pudo dar un paso.
Cuando abrió los ojos. El trance se rompió.
Nunca antes había entrado en su mente

2 comentarios:

Wendy Aparicio dijo...

Todos necesitamos un viaje a lo más profundo de nosotros mismos.
De alguna manera, es bastante edificante.

Me gusta mucho que te estes recuperando de tu anemia narrativa.
Elegante, Compa.

Manuel Bolaños dijo...

Namasté!
Pues, si debo agradecer a Buddah por curarme de mi anemia narrativa, y de paso por conducirme a mi interiro....
Gracias por el comment!