30.7.08

El precio de ser madre

Le preguntó a su padre, como todos los años, acerca del día de su matrimonio. El, su padre, le respondió con la misma respuesta de todos los años. El parecía nunca hartarse de la pregunta, talvez siempre lo ovlidaba cada año; pero lo que nunca olvidaba, era la respuesta, la de todos los años. Es hoy -le dijo-, hace veinticinco años.

Su doctor se lo advirtió. Era muy peligroso dar a luz, por su edad y por haber tenido ya dos abortos.
No había un sólo pronóstico favorable, bien podría perder a su hijo; o bien podría morir ella.
Pero había sólo una cosa más grande que el peligro. Sólo una cosa que era más que la muerte. Algo que ni el tiempo ni la medicina podrían vencer: su deseo de que la llamaran madre.
Y sucedió. Su embarazo de alto riesgo tuvo que ser remitido hasta un hospital de máxima especialidad y en otra ciudad, lejos de casa. Lloró al recibir en sus brazos a la criatura. Fué todo un éxito; su hijo nació sano. La muerte se quedó con las ganas de arrebatarle a su hijo. Finalmente su máximo sueño fue realidad. Con un pequeño entre sus brazos abandonó el hospital.

Pero la muerte -le dijo su padre- no se quedó tranquila. Aguardó y atacó. Se llevó a la madre. Ni siquiera le dió tiempo de escuchar de nuevo la voz que la llamaba; Madre. Sus días acabaron justo en el mismo hospital en el que años atrás, había comenzado. Hace veintidós años. Esa fue la afrenta contra la vida. Pagó el precio de ser persistente, el precio de ser madre.

1 comentario:

Wendy Aparicio dijo...

Take care.
Shalom.
:D I love you.