29.12.06

Diet Jesus (0% cal.)

Ved pues, que Jesús ha dicho:
¿Modicae fidei, quare dubitasti?
Y un escalofrío le ha dado al decir:
¿Deus meus, Deus meus;
ut quid dereliuisti me?

Se supo que un día dijo tambien:
Eis qui sine peccato est, vestum
primus in illam lapidem mittat
Y ved como lo han crucificado luego

Acordaos del Maestro que os ha dicho:
Veritas liberabit vos
Dos milenios luego, por favor, tened presente:
La verdad siempre es perseguida

Escuchadle decir a sus hermanos:
Ego sum lux mundi
Más es vuestra vida socuridad total

Os a dicho una vez:
Porro unum est necessarium
Y aún hoy seguimos preguntándonos
¿Qúe ha de ser tal cosa?

Sabed que así dispuso:
Petrus, tibi dabo claves coeli
Sed entonces prácticos y andad
y buscad un buen cerrajero

Haced memoria siempre de que
Dominus Vobiscum, descuidad pues,
ya que el señor esta conTIGO
Tiene buena cobertura y las mejores tarifas

28.12.06

Síndrome de Tourette

em entosi doabaca, mentateplemoc quiniadalo
entosi que galo netord ed im seta lam
adien repace metracaep pro ol que yso
teyos trufdasor y vadastode
siquiare res malron, ocom sol sedám
arída im diav pro res malnor
teyos osol derdiop y finocundod
eríadase raste treumo, fearu led drolo
em tesaus al daiv y otod ol que miplaci
read doG leapes kate em w!aya

26.12.06

sin titulo

Era la primera vez que sentía como aquella cosa le penetraba incesantemente, destrozándole la inocuidad latente aún. La oscuridad parcial perecía tragarse la emoción del aciago trémulo de su cuerpo. Apenas un halo plateado insospechado se filtra, bañando con sutileza la lámpara muerta perfilada sobre la mesa junto al lecho de la impía escena. Maldita pues, la hora en que su sentido común cayo presa de los convencionalismos de una tan sola noche de autocompasión.
Sabía que esta trampa no tiene escape. La insospechada complicidad de su demonio más antagónico; que por seguro, la estaría viendo con lascivia, acompañaba cada saetazo. Corroídos implícitos los mórbidos pensamientos percutiendo estarían entre las bóvedas flagrantes de su imaginación.

A puerta cerrada, con inclusa ansiedad, donde sabía que nadie sería partícipe de su caducidad laxa, trémula insipiencia de la que su curiosidad estaba siendo víctima.
Una muerte inesperada para la contemporánea argucia de la que había sido partícipe su ascetismo. Ni la más intrépida de las maquinaciones existencialistas encontraría eco en tan sublime recinto. Ánfora de palpitaciones cerriles érase ahora el despojo de su inmaculado corazón, atizado por el estigma de la proterva hora en que su demonio le atrapó carente de las paradojas que le ataban otrora. Ese demonio la había capturado y no podía escapar más. Sabía que la situación se había salido de control, pero este monstruo era mucho más fuerte. Solo podía esperar que esto no le resultara tan atroz como pensaba. Ni la más mórbida de sus alucinaciones hubiese podido igualar antes, la faz de tal absurdo delirio salido, al parecer, de las fauces del averno. Nunca comprendió que esto sería tan terrible. Se lo habían dicho anteriormente, no faltó quien le insinuara de las osadías en que se embarcaría, pero su ávida curiosidad pudo más. En el fondo ella sabía que había algo posterior a tantos tabúes.
Sujeta sin poder liberarse, la criatura devoraba plácida su miedo, manando sin cesar de su cuerpo virgen. La oscuridad bañaba su cuerpo húmedo y temeroso. Más como el buen Caronte sabe navegar las aguas de Estigio, la situación esta, conducía la danza arrítmica en su infernal ingreso a las profundidades de la inocencia, de la cual salía con celeridad, arrancando gemidos de placer corruptos por la incesante pavura que los tornasolaba en austeros gritos ahogados, que nadie pudo escuchar.
En esta la hora última, en que su ingenuidad se extinguía, no era conveniente la presencia de Dios, que de nada serviría el ejército alado que en su auxilio ha de venir, valiente orfeón angélico que brinde resguardo, pues su adverso esta más bien exento de debilidades y más fuerte que su turbación primordial. Mejor dicho, que este leviatán absurdo que ella conocía bien, y por ende matarlo sería un suicidio.
Hálito de perversidad que se ha posado sobre su cuerpo y le ha invadido su corazón para regodearse luego con la mies que le ha sembrado. Voraz lujuria que le destroza el alma con las garras que arrullan la esfericidad de su cuerpo.

Hora infame para que la tortura inflingida le arranque las últimas exhalaciones de su boca luxada por esta lasciva emoción que le producía esta indecente acción. La oscuridad le atrapó por completo, y por un sólo momento, supo lo que era probar la ambrosía sacra de su propia traición desatada. Un viento helado le recorrió la espalda y le un arranco un extenso suspiro que ignicionó la mas perversa de las sensaciones, dando lugar al más fatuo de los placeres experimentados hasta ahora.
Una lágrima escapó de sus ojos vidriosos que espectaban fugaces tratando de captar a su verdugo envuelto en las sombras, quien reía fuerte ante el cadáver de su inocencia derrapada. Bendita sea la caducidad por no hacer de este un encuentro perpetuo que la conduzca a hasta la muerte. Su cuerpo húmedo yació largamente extendido sobre la cama. Lentamente la temperatura descendió hasta dejarle helado su cuerpo desnudo, exhausto y atenuado. Así terminó su suplicio mal habido. Su curiosidad saciada y sus alas de mariposa recién salidas del capullo de la candidez, ampliándose entre sus cabellos negros. Era el final, había sido todo consumado, tal lo fue una vez la hora final del condenado. Había sido la primera vez que ella se había masturbado.

Delirios II (endorfinas y eufemismos)

I
Me di cuenta que hace falta
estar vivo para morir
Que jamás te abandoné
sólo que ya no te tengo enfrente
Ellos piensan que se ama con el corazón
pero ése es para bombear sangre y ya
Te cuento que ayer me bebí un espectro
Una amargo espectro con espuma

II
Tenés dos alas en la espalda
Una vida por delante
dos manos para asesinar tus recuerdos
Y a mi aquí, escribiendo estupideces

III
Tengo miedo de alcazar las estrellas
podría quemarme
Le temo al temor de no tenerte
Me destroza cuando me volteo
y vos no estás ahí
Te voy a dejar volar
en una sinfonía infinita
Mato el dolor con un poco
de pasado mezclado con esperanza
Yo voy a estar bien
Si vos estas bien
Tenés que prometerme
que no te vas a morir nunca
que vas vivir conmigo para siempre
dentro de mi cabeza.

25.12.06

Delirios I (y lo que me falta)

I
Tengo un problema: estás en mis recuerdos
Justo donde no deberías estar
Tengo el alma rota, y se me acabó la cinta adhesiva
Me duele la vida, el pasado y el estómago
Tenés, las manos llenas de mariposas
son tus ilusiones que salen volando
Tenés los pies heridos
de tanto caminar entre los cristales
que son tus lágrimas, las más profundas

II
Te duele el destino, lo sé
No puedo encontar a Dios
y no se dónde lo dejé
Nos hace falta vivir más dolor
Tenés los ojos llenos de sangre
de tanto rezar por las noches
Tengo mi corazón junto al tuyo
en un frasco de vidrio con alcohol
Nos duele demasiado, tanto
que nos hemos acostumbrado
y no sentimos el dolor

III
Tengo la cabeza llena de fantasmas que no asustan
de tanto acoradarme de tu nombre
Tengo el espíritu lleno de ideas
que nunca van a ver la luz
Me están pidiendo que sea como los demás
Me lo pido yo mismo
Pero no se puede hacer a un lado escencia sin salir herido
Quisiera vivir por siempre
pero me conformo con nunca llegar a morir
Tengo miles y miles de preguntas
Miles y miles de versos
La vida no me va a alcanzar
para alcanzarte

24.12.06

SALMO XXII

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¡Te he gritado y mi reclamo no te alcanza!
Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has dejado solo?
Son largos el día y la noche y no contestas mi súplica.

Dios mío, Dios mío, ¿Por qué permites que todo esto pase?
Ahora que tanto te necesito, me dejas aquí pendiendo.
Dios mío, Dios mío, ¿Por qué nadie me ha comprendido todavía?
¿A dónde te has llevado mi inspiración, que es mi vida?

Dios mío, Dios mío, ¿Dónde estas cuando te necesito?
Soy un despojo, ni la mitad de hombre que solía ser.
Dios mío, Dios mío, ¡Me siento tan vacío!
Al verme se ríen de mí y no me comprenden.

Dios mío, Dios mío, ¡a Ti lloro mi extravío!
Soy vergüenza de mi familia, desprecio de los que desconocen
Dios mío, Dios mío, ¿Bajo que piedra te encuentras?
¿Qué trozo de madera he de levantar para encontrarte?

Dios mío, Dios mío, ¿A quien debo escuchar?
Dame Tú el talento para no decaer
Dios mío, Dios mío, haz de tu sangre mi pintura
De tu carne la piedra para tallar
De tus palabras mis poemas
Dios mío, Dios mío, ¡No permitas que fracase!

Dios mío, Dios mío, ¡Tu que habitas en el fondo mi ser!
Sal un momento para que pueda comprender
Mis hermanos han muerto esperando, y te creen
Dios mío, Dios mío, ¡Se de mi el maestro!
Enséñame a dar vida con mis manos
Déjame colorear el universo con mis palabras
Dios mío, Dios mío. ¡Jamás llegaré a Ti!
Dios mío, Dios mío, Si he de morir, que se cerca de tus ojos,
Para que me veas.
Que sea cerca de tus manos,
Para que me sostengas.
Que sea cerca de tu alma,
Para hacerla una con la mía
Dios mío, Dios mío.
¡Dios mío, y de todos los hombres!

Ella

Y ahí esta de nuevo. Ese horrible sonido, esa abstracción indeseable. Es un lamento eterno que no me deja tranquila. Solo se que viene de afuera. No se siquiera si es a mi a quien está llamando. ¿Cuándo demonios acabará…?

Mis pupilas agrietadas son un silencioso testigo de la desolación que quiere expresar este reclamo errante. Me está llamando. Ahora lo sé. Ha dicho mi nombre. Y aunque yo no quiera tendré que ir a la ventana, solo para despejar mis dudas.

Afuera está haciendo tanto frío, que el cristal se ha empañado. El jardín es tan lindo cuando es de día, cuando el sol le baña con su tierna luz. Y aun con su amplitud se ve tan muerto cuando es de noche. Todavía no logro ver la fuente del lamento. Un momento…

(Mi corazón se ha detenido…)

¡Ahí esta! Detrás del árbol deshojado. ¿Y ahora? ¿Qué debo hacer…? Sólo se que esto es algo que talvez no me importe. Solo voy a regresar a mi cama para tratar de dormir un poco y así quizá… ¡Que demonios!

(Un ruido…)

(Vidrios rotos y trozos de cortinas sobre el pasto)

(Y yo sobre ellos…)

¡Vaya… al fin me he deshecho de la maldita ventana…! Acabo de descubrir dos cosas interesantes. La primera es que debo podar este césped, y la segunda, es por que no se debe caminar sobre cristales rotos con los pies desnudos. Bueno como quiera que sea, algún día, repararé la ventana, y también como sea, la sangre se coagulará pronto.
Y ahora, aunque sienta que mi alma se escapa por mi boca, debo ir y ver tras el árbol.
Caminare lentamente o rápidamente… ¿Quién quiere ser la sorprendida…?

(Pasos lentos, miradas furtivas)

(mi corazón que vuelve a palpitar)

Tengo mis manos puestas sobre el árbol, estoy apoyada en el con mucha confianza. Las ramas retorcidas y carentes de hojas se acentúan tímidamente sobre mi cuerpo a la luz de la luna. Es el momento de aferrar mis manos a la corteza y ver lentamente el contorno del tronco. Pero no hay nada. Hasta puedo danzar tranquilamente en torno al árbol, por que no esta. Esa sombra que vi desde mi habitación pareció ser una alucinación, creada por el ferviente deseo de darle forma a lo inmaterial. Ni yo misma creo hasta donde ha llegado.
¡Estoy acechando a un fantasma…! ¡Vaya idiotez, hasta parece que…

(Una mano sobre mi hombro)

Yo creo que en mi vida había visto un rostro tan bello. Me cautivaron sus ojos grises. Su cara delgada y estirada, muy blanca, parecía despuntar los rayos reflejados de la luna. Que detalle más grácil podría completar sus facciones sino su largo cabello negro. Su cuerpo desnudo lo cubría entre las sombras del árbol. Estaba flotando frente a mí.

Coloco sutilmente sus manos, una abrazando mi cabeza y la otra alrededor de mis caderas.
Acaricio mi cuerpo helado por el miedo con su mano, y con la otro hizo que mi boca se acercara a sus labios muertos. Y se detuvo a escasos milímetros de mis labios ansiosos, con los suyos entreabiertos y sus ojos cerrados tras espesos parpados rojos.
No se ni que decir o hacer. ¿Es esta la misma mujer que roba mis noches con sus quebradizos quejidos? Y después de todo… ¿Quién quiere pensar en eso en tan apasionante momento?

..Su mano se ha puesto, luego de recorrer el contorno de mi torso, en mi pecho.
¿Y ahora?

Esta presionando contra mi abdomen, de pronto tan lento, de pronto tan fuerte.

(El sonido de su mano atravesando mi cuerpo)

(Mis ojos desorbitados…)

Estoy escuchando la mas dulce canción, y… ¿Es mi imaginación o la luz de luna se vuele difusa…?
Ella me toma del cabello ahora con su mano. Y me sostiene.

¿Sabes?, -me dice, mientras muestra su otra mano ensangrentada que sostiene mi corazón aun palpitante- Esto es lo único que necesitaba…

(Un intenso beso, con el que se roba mi último aliento)

(El sonido de mi cuerpo que ha caído sobre el pasto)

(Y mis ojos que se cierran lentamente, viéndola volar con su cabellera desplegada, y dejando un rastro de sangre derramada)

(Las tibias gotas de sangre golpean mi rostro….

…muerto….)

Reunion

Era una sala enorme, suelo de madera. Ébano bien pulido, y cuidadosamente encerado. Las paredes estaban pintadas de un color café muy degradado, un tono como cuando el café se derrama sobre una camisa blanca. La habitación tenía tres ventanas. Una al norte, otra al sur y la otra al este. En la pared oeste estaba una puerta. Estaba ésta pintada de un color café mas profundo, que rivalizaba con el color del ébano pulido del piso. Era una puerta muy sólida marcada por dos cuadrados que la dividían a la mitad, y le daban un estilo más añejo.

Bien se podría decir que la habitación era nueva. Pero más bien, estaba remodelada, o talvez sea mejor decir limpia, y muy conservada.
La habitación, que se hallaba en el quinto piso de un edificio de apartamentos, justo en el centro de una bulliciosa ciudad; que para ser más explicativos digamos que poseía unos cinco por nueve metros aproximadamente, no tenía nada de particular y era una mas de las que lineaban el pasillo derecho de aquel quinto piso.
Las luces estaban apagadas. Pero este detalle es irrelevante, pues en este momento, la puerta de madera se está abriendo. Y la luz se encendió. Obviamente, el personaje que acaba de hacer acto de presencia, ha sido quien encendió la luz.
Arriba, colgando del encielado, que en un estilo mas simplista estaba constituido por placas de madera, no tan rígidas como las de la puerta, pendía vacilante un bombillo de 90 vatios, suficiente para dar luz los cinco por nueve metros de espacio físico.
Ante el simple acto de la ignición eléctrica de un interruptor, estratégicamente colocado detrás de la puerta, un impulso eléctrico recorre no se cuantos metros de cableado calado dentro de la pared, y una vez llegado al final de su recorrido, hace vibrar las partículas energéticas dentro de un reducido espacio cónico, cóncavo y transparente, y atornillado al cabo del cable negro, colgado del techo.
El resultado final de todo esto, era la combustión eléctrica de la luz, que permitía hacer visible tanto la anatomía arquitectónica de la descripción antes realizada, como la humanidad del solitario habitante del recinto.

Solitario no por mucho tiempo, pues el personaje se preparaba para recibir visitas. Visitas que habrían de ingresar de la misma manera en que lo hiciera él.
Cuando la aguja mas esbelta del reloj gris, casi plateado, colocado en la parte superior de la ventana sur, marcara el numero doce, en confabulación con la otra aguja mas corta en estatura, que ha de posarse sobre el siete, estaba previsto el arribo de los invitados a la reunión.

Y así como lo marca la tradición inmemorial de la raza humana, con un elegante retrazo los invitados comenzaron a ingresar.

Cabe ahora, hablar un poco sobre el individuo, primogénito, en cuanto al orden de llegada.
Nuestro sujeto se hallaba colocando y acomodando unas cuantas sillas, en orden, y formando un semicírculo casi perfecto en el que habrían de sentarse el resto de sus invitados, que eran nueve en total.
Su porte forzadamente elegante, se incompletaba por su figura escuálida, rostro inexpresivo y ojos pequeños.

Ya resuelto el detalle de la descripción del lugar y la hora, demás estos detalles irrelevantes, nos hace falta averiguar el motivo de tal reunión.

Los nueve nuevos individuos empezaron a llegar regularmente, mucho después de la hora prevista. Pero al final, estuvieron ahí, para darle motivo a la reunión.

Se podían contar diez individuos, lo cual era obvio y lógico hasta para el más obtuso de los detractores de la matemática. Todos ellos eran hombres, diremos de mediana edad, para establecer un rango de edades fácil de imaginar.
Nueve de ellos ocuparon la concéntrica formación de sillas, dejando libre un espacio razonable entre el inicio y el final de la irregular línea.


Levantándose de una silla, no diferente de las otras, y que precisamente estaba colocada en el espacio antes citado, el anfitrión, y que era también el primero que se hizo presente a la reunión, comenzó con un improvisado pero muy seguro discurso.

Sean bienvenidos, siéntanse como en su casa. Acomódense, y si es que todos estamos ya reunidos, no veo más impedimento para iniciar esta sesión de nuestro grupo.
Este grupo, que es nuevo y un tanto innovador, tiene un propósito muy benéfico.
Todos sabemos bien quienes somos nosotros, aunque no conozcamos nuestros nombres, sabemos bien nuestros oficios.
No hay necesidad de ocultarnos. Hablemos claro.

El primer paso, diría yo, seria aceptar nuestro error. Y en ese aspecto creo que todos podemos confesar abiertamente y sin temor a las consecuencias.
Repitan después de mí.
Yo estoy equivocado. Yo ya no quiero estar equivocado.
Y lo más importante de todo esto.
Yo soy un asesino.
Y yo no ya no quiero matar a nadie, nunca más.

Eso es. Díganlo. Reconozcan su error.
Ya no quiero matar más gente.
Muy bien dicho.

Todos, los diez asistentes a la reunión asentaron con la cabeza el acuerdo al que habían llegado.

Y ahora, vamos a tratar de frenar ese impulso negativo que nos hace caer en el error nuevamente.
Vamos a contar nuestras experiencias, para que así nos demos cuenta de lo horrible que es nuestra compulsión. Y acuérdense, jamás han oído hablar nada de un tal Bill W.

Creo que todos aquí, hemos matado a alguien en más de alguna ocasión. Así que compartamos la manera horrible en que ultimábamos a nuestras victimas. Espero que de esa manera, recapacitemos hacia una mejor vida, libre de errores.
Quién es el primero que desea compartir sus experiencias…

De los nueve restantes uno levanto su mano, haciéndola resaltar del que conducía la reunión.

Voy a ser yo.
Quiero decir, en primer lugar, que me siento muy feliz de poder asistir a este grupo de autoayuda, y espero que de esta manera, como lo ha dicho nuestro amigo, podamos salir de este oscuro vicio.

Yo he matado a muchas personas. Y yo acostumbraba a vigilarlas muy de cerca, estudiando sus movimientos y acechando, y cuando era el momento, los apuñalaba en medio de la oscuridad de la noche.
Terminó aceptando el confeso asesino, con lágrimas en los ojos.

No te sintás mal, le dijo el organizador, que para efectos nuestros es el primogénito por su orden de llegada. Acordáte que todos aquí somos iguales, no hay nada de que avergonzarse. Sólo tené en cuenta que este no es un vicio. Es una dependencia patológica, ninguno de nosotros hemos escogido esta vida, pero yo estoy seguro de que con la ayuda de un poder superior, todos podremos salir adelante.

Seguro alguien mas tiene otra experiencia.

Yo acostumbraba a asesinar solo niños. Vistiéndome como payaso. Dijo otro.
Yo asfixiaba a mis victimas.
Yo secuestraba a las personas a las personas y las lanzaba desde lugares muy altos.
Yo envenenaba a mis victimas.
El resto de las historias continuaron, detallando maneras mas horribles y llenas de macabra imaginación.

Y cuando cada uno de los nueve miembros terminó de relatar las distintas maneras que habían utilizado alguna vez, un silencio entre caras largas y arrepentidas se dejo sentir.
Y una pregunta, de entre todos prorrumpió al instante.
Y vos, decinos como hacías para matar a la gente.
Se le dirigió la pregunta al organizador…
La luz se apago…
Pues yo, les dijo, organizo falsas reuniones de homicidas que pretenden dejar de serlo.
Es una verdadera lástima tener que volver a encerar este piso de nuevo.
Pero ni modo.

30 de Julio de algún año

¿Te acordás cuando le juraste
las palabras de papel que el viento se voló?
¿Te acordás cuando la tenías agarrada de la mano,
planeando el viaje, del que ella no sería parte?
Acordáte de todas las ilusiones que le salian de los ojos
vos pensabas que llorando de emoción estaba...
Acordáte cómo la abandonaste
Cómo ella brindo con una copa llena de esperanzas
y vos con agua y ethanol
Acordáte de su mano extendida para vos
siempre que la necesitabas...
Los días largos que ella pasó sola,
esperándo estar equivocada, con su temor más fuerte
Acordate de quién fue más importante,
Tu sagrada hombría, o quien ahora inquiere
Acordáte de ese hombro que te lleva cargado
Ese amor que se transformó en indiferencia
De ese corazón que se resiste a darte la espalda
De las lágrimas guardadas en un sobre, bajo la cama
Acordáte del demonio con el tanto te gusta jugar
Acordáte de ese infausto monosílabo
Ojalá y hubiera sido No

Le jugaste chueco maldito!

Ayer supe de vos
Me di cuenta que no estaba solo
Me di cuenta de que el ayer
Es engañoso
Ayer
Cuando supe de vos
Que estabas ahí, en silencio
Hoy
Me di cuenta que supe lo que ya sabia
Antes
Cuando no sabia de vos
Me da miedo mañana
¿Que mas voy a saber?
De ayer
Cuando sabía que no existías
Hoy supe que el amor no existe
Y a quien demonios le interesa
El ayer
Cuando no parecía un error
Lo que hoy no importa en absoluto
Y mañana será odio acumulado
De Ayer

Hambre

Tirado sobre la calle con frío, hambre y soledad esperando a su hora ultima que llegue. Ella como todas sus mujeres, lo ha dejado plantado.
Ya sin esperanza, Tácito se incorporó tímidamente sobre la acera y sintió hambre. Creyó que era la última vez que la sentiría.
Se llevó las manos al rostro para lamentar que sintiera tanto miedo de la muerte. Y se dio por vencido. Su mano rodó junto a su cuerpo yacido en la calle, y se topó con un centavo de cobre. Lo tomo en su palma extendida y se preguntó cuando fue la última vez que tuvo tanto dinero.
Una sonrisa, yerma, pero al fin sonrisa se esbozó en su cara descuadrada. Eso era justo lo que necesitaba antes de recibir el cálido abrazo de la muerte. Pensó entonces si debía conservar la moneda consigo para que los policías que recojan su cadáver la tomen de propina, o desafiar a sus fuerzas y lanzarla a la calle.
Evitar quedar como un pobre diablo sin dinero ante sus sepultureros le sonaba tentador, pero de repente, se le ocurrió una idea. Esa moneda le podría servir para comida.
Tácito se llevo la moneda frente a su cara… y la contemplo…
-¡Vos me vas a salvar la vida!-

Y se la comió.

Perseo

¡Que soledad exclama Dánae!
Más tarde se haría eterno…
Sintiendo el mar mover, temiendo por su vida en su encierro
Aquí si, érase ella con su pequeño a la deriva
Lo abraza evitando mantener temeroso su corazón
Su padre hecho oro de arenas lo engendró
Su espada y sus palabras a recorrer la eternidad

Tú esencia por una sola vez….

agarrénle la onda please....

Traje sus poemas
Entendí oscuridad la luz y sombra
El poema estropea la sinfonía
Lo único que lo salva dormitado en la profundidad
Es que el ha blasfemado

Y al parecer nadie lo entiende….