24.12.06

SALMO XXII

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¡Te he gritado y mi reclamo no te alcanza!
Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has dejado solo?
Son largos el día y la noche y no contestas mi súplica.

Dios mío, Dios mío, ¿Por qué permites que todo esto pase?
Ahora que tanto te necesito, me dejas aquí pendiendo.
Dios mío, Dios mío, ¿Por qué nadie me ha comprendido todavía?
¿A dónde te has llevado mi inspiración, que es mi vida?

Dios mío, Dios mío, ¿Dónde estas cuando te necesito?
Soy un despojo, ni la mitad de hombre que solía ser.
Dios mío, Dios mío, ¡Me siento tan vacío!
Al verme se ríen de mí y no me comprenden.

Dios mío, Dios mío, ¡a Ti lloro mi extravío!
Soy vergüenza de mi familia, desprecio de los que desconocen
Dios mío, Dios mío, ¿Bajo que piedra te encuentras?
¿Qué trozo de madera he de levantar para encontrarte?

Dios mío, Dios mío, ¿A quien debo escuchar?
Dame Tú el talento para no decaer
Dios mío, Dios mío, haz de tu sangre mi pintura
De tu carne la piedra para tallar
De tus palabras mis poemas
Dios mío, Dios mío, ¡No permitas que fracase!

Dios mío, Dios mío, ¡Tu que habitas en el fondo mi ser!
Sal un momento para que pueda comprender
Mis hermanos han muerto esperando, y te creen
Dios mío, Dios mío, ¡Se de mi el maestro!
Enséñame a dar vida con mis manos
Déjame colorear el universo con mis palabras
Dios mío, Dios mío. ¡Jamás llegaré a Ti!
Dios mío, Dios mío, Si he de morir, que se cerca de tus ojos,
Para que me veas.
Que sea cerca de tus manos,
Para que me sostengas.
Que sea cerca de tu alma,
Para hacerla una con la mía
Dios mío, Dios mío.
¡Dios mío, y de todos los hombres!

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